Cuidar en Colombia: una mirada desde la biología cultural a los cuidadores familiares de adultos mayores
- Fundación Resignificar
- 17 jun
- 4 Min. de lectura
Cuidar es una expresión profunda de lo humano. Desde la biología cultural, propuesta por Humberto Maturana y Ximena Dávila, entendemos que los seres humanos no sólo nacemos en un cuerpo biológico, sino en una red de relaciones, lenguajes y emociones que dan forma a nuestra manera de vivir y convivir. Cuidar a otro, entonces, no es solo una tarea funcional: es una forma de estar en el mundo, de habitarlo desde la ternura, la empatía y la responsabilidad mutua.

Esta mirada reconoce que nuestras prácticas cotidianas —como cocinar, limpiar, escuchar o consolar— están cargadas de significados culturales y emocionales. El cuidado, especialmente en el contexto familiar, es una práctica relacional que implica afectos, historia, creencias y también dolor. Por eso, cuando hablamos de quienes cuidan a adultos mayores en Colombia, no basta con describir sus tareas: es necesario comprender cómo viven el cuidar, qué sostienen con su hacer, y qué redes (in)visibles los contienen o los agotan.
👥 ¿Quiénes cuidan en Colombia?
Los cuidadores familiares de personas mayores en Colombia son, en su mayoría, mujeres entre los 45 y 65 años. Suelen ser hijas, esposas, nueras o hermanas, que asumen el cuidado de manera informal y sin preparación previa. Se estima que una cuidadora dedica entre 8 y 12 horas diarias a la atención de su familiar, sin recibir remuneración económica ni acceso a seguridad social, lo que repercute en su salud física, emocional y económica (Aquichan, 2005).
🧠 ¿Qué implica su rol?
El rol del cuidador es tan exigente como invisible. Implica realizar tareas físicas (higiene, alimentación, movilidad), médicas (suministro de medicamentos, coordinación de citas), organizativas y, sobre todo, emocionales. Deben sostener el ánimo, responder a crisis, mediar entre familiares y soportar muchas veces la frustración o el deterioro progresivo de su ser querido. Todo esto, en soledad y sin pausas.
💰 Realidades económicas y sociales
Las cuidadoras informales suelen renunciar a empleos o reducir su jornada laboral, afectando su autonomía económica. Muchas no cotizan para pensión ni salud, y no tienen redes de apoyo claras. Esto las ubica en un lugar de doble vulnerabilidad: la de quien cuida sin respaldo, y la de quien envejece sin garantías.
❤️ Necesidades que no se ven
Las necesidades más latentes en los cuidadores familiares son:
Físicas: agotamiento, dolor crónico, alteraciones del sueño.
Emocionales: tristeza, ansiedad, despersonalización, culpa.
Relacionales: aislamiento, pérdida de vínculos fuera del cuidado.
Socioeconómicas: desprotección, dependencia económica, informalidad.
🧓 Niveles de dependencia y adaptación del cuidado
La mayoría de adultos mayores en situación de dependencia requieren atención total o semidependiente. Los cuidadores gestionan esta carga sin formación especializada, aprendiendo por intuición o ensayo-error, con un alto costo para su salud mental. Muchos de ellos se enfrentan a enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer o el Parkinson, que agravan la carga emocional y exigen una adaptación constante del vínculo y las rutinas.
🏛️ Políticas públicas: avances y vacíos
Colombia ha dado pasos importantes con la creación del Sistema Nacional de Cuidado, que busca redistribuir el trabajo de cuidado a nivel social, económico y político. Este sistema plantea medidas como la profesionalización del cuidado, apoyos económicos y rutas institucionales de acompañamiento. También existen programas locales de respiro, formación y acompañamiento psicosocial (como los impulsados por alcaldías y secretarías de salud).
Sin embargo, pocos programas apuestan por el autocuidado del cuidador. La mayoría se enfocan en mejorar la atención hacia el adulto mayor o en aliviar cargas puntuales, sin trabajar en profundidad el bienestar integral y sostenible de quien cuida.
🌱 Quid-Arte: cuando el cuidado empieza por uno mismo
Ante esta deuda estructural, la Fundación Resignificar propone una respuesta distinta: el programa Quid-Arte, que parte de una convicción sencilla pero transformadora: cuidar también es cuidarse.
Quid-Arte no ofrece recetas ni soluciones momentáneas. Lo que promueve es la autonomía emocional y práctica de las personas cuidadoras, brindándoles herramientas que puedan integrar en su vida cotidiana y sostener en el tiempo: desde técnicas de autocuidado corporal y gestión emocional, hasta espacios de expresión artística y redes de apoyo.
Desde la biología cultural, este programa reconoce que las transformaciones reales no ocurren por imposición externa, sino cuando las personas se sienten vistas, respetadas y acompañadas. Por eso, Quid-Arte propone un lugar para reconectar con el propio cuerpo, con la historia personal, con el valor del descanso, el disfrute, la creatividad y la dignidad del cuidado mutuo.
Fuentes:
Maturana, H. & Dávila, X. (2008). La biología del amar: fundamentos para una cultura del cuidado. Instituto Matríztico.
Castro de González, R. (2005). Cuidadores familiares del adulto mayor: una visión desde la salud pública.
Uribe-Restrepo, J. M., et al. (2024). Cuidar como trabajo no remunerado: un análisis desde el Sistema Nacional de Cuidado en Colombia.
Salud y Cuidado – Boletín 04. Fundación Saldarriaga Concha (2023)
Álvarez, A. et al. (2020). Impacto del cuidado en la calidad de vida de los cuidadores familiares.




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