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Cuando la inocencia es herida: un llamado urgente a transformar nuestras culturas de relación

Cada 4 de junio, el mundo recuerda a los niños y niñas que han sido víctimas de agresión. Sin embargo, más allá de la memoria, esta fecha nos desafía a transformar activamente las condiciones culturales que permiten que la agresión infantil persista.

Desde la biología cultural, como nos enseñan Humberto Maturana y Ximena Dávila, entendemos que no nacemos agresivos: aprendemos a relacionarnos en culturas que habilitan o limitan ciertas formas de estar con los otros. La agresión infantil puede tomar diversas formas:


  • Agresión física (golpes, castigos corporales)

  • Agresión psicológica (humillaciones, insultos, amenazas)

  • Agresión emocional (indiferencia, abandono afectivo)

  • Agresión sexual (abuso, contacto inapropiado)

  • Agresión institucional o social (negligencia sistemática, explotación laboral, violencia armada)


Los factores de riesgo que alimentan estos entornos son muchos y complejos: desigualdad, normalización de la violencia en los hogares, machismo, estrés social, exclusión, pobreza y hasta patrones de crianza que se justifican con frases como “me pegan porque me quieren”.

Pero también hay algo esperanzador: la posibilidad de crear culturas distintas. Culturas que se tejen en los vínculos cotidianos, en las conversaciones abiertas, en la validación de las emociones, en los límites respetuosos. Aquí es donde el acompañamiento amoroso de madres, padres, docentes y adultos significativos juega un papel decisivo.


En la Fundación Resignificar, creemos profundamente que la prevención no está solo en las leyes ni en los protocolos, sino en la cultura del amar: en ese espacio donde niños y niñas se saben vistos, escuchados y valorados, donde no es necesario el grito ni el golpe para enseñar, sino la presencia consciente, la comunicación asertiva y la ternura.

Hoy, más que nunca, hacemos un llamado a todos los adultos significativos: 🌱 Pregúntate qué modelos estás enseñando. 🌱 Pregúntate cómo escuchas, cómo acompañas, cómo hablas. 🌱 Pregúntate qué cultura de convivencia estás ayudando a crear.

Porque cada conversación, cada acto de cuidado, cada límite bien puesto puede ser una barrera protectora contra la agresión.

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