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Acoger: un acto de humanidad que transforma vidas y redefine lo que llamamos familia

El pasado sábado, 31 de mayo se conmemoró el Día Internacional del Acogimiento Familiar, una oportunidad para visibilizar una práctica profundamente humana: abrirle la puerta del hogar —y del corazón— a un niño o niña que necesita un lugar donde ser, crecer y sentirse cuidado.

Más que un acto legal o institucional, el acogimiento es un gesto que redefine el sentido mismo de familia. Humberto Maturana decía que la familia no es solo un vínculo de sangre, sino una red de conversaciones, cuidados y acogidas que posibilitan la vida. Ser familia, en este sentido, es sostenernos unos a otros en el amor, en la legitimación del otro como legítimo otro en la convivencia.

¿Qué es el acogimiento familiar?

Es una medida de protección donde una familia acoge temporalmente a un niño, niña o adolescente que no puede vivir con su familia de origen, brindándole cuidado, afecto, seguridad y una vida cotidiana estable mientras se restablecen sus derechos.


Acoplamiento biológico y cultural: un encuentro profundo

Desde la biología del conocer y la biología cultural, entendemos que toda relación humana implica un proceso de acoplamiento estructural: es decir, nos transformamos en el encuentro con el otro. Un niño que llega a un nuevo entorno familiar no solo se adapta: transforma y es transformado. Su sistema nervioso, sus emociones, su lenguaje, incluso su identidad, se modelan en interacción con quienes lo acogen.

Y esto ocurre también en la familia que acoge. Acoger no es solo dar; es dejarse tocar por la presencia del otro, resignificar la vida cotidiana, y permitir que el amor sea el lenguaje que guía la convivencia.


Retos del acogimiento familiar


  • La reconstrucción de la confianza

  • La adaptación a nuevas dinámicas de convivencia

  • El manejo de duelos, miedos o traumas

  • La incertidumbre frente a la temporalidad del vínculo


Todos estos desafíos pueden abordarse desde lo que en Fundación Resignificar llamamos la cultura del amar: una forma de estar con el otro donde prevalece la ternura, la escucha, el respeto por los ritmos del otro y la validación de sus emociones.


Acoger es un verbo transformador

En un mundo donde a veces las fronteras se imponen más que los puentes, hablar de acogimiento familiar es volver a creer en la humanidad compartida. Acoger es cuidar, sin poseer. Es acompañar, sin invadir. Es amar, sin condición.


🌀 ¿Y tú, qué conversaciones puedes abrir hoy para expandir el sentido de familia?

🧡 Comparte este artículo si crees que el amor también se elige y se construye.

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